sábado, 26 de marzo de 2011

Claroscuro


Se relata aquí la historia de un hombre, de unos hombres, cuyas vidas, más allá de por las virtudes y defectos con que habían nacido, se vieron condicionados por la España y la época que les tocó sufrir. La que labró profundamente la guerra civil del 36, la victoria franquista y la represión implacable que le siguió.

De todos los personajes de esta novela yo sólo llegué a conocer al protagonista; decir conocer es evidentemente excesivo: llegué a verlo por un momento una única vez. Era ya un hombre mayor en el que se adivinaban los primeros síntomas de la vejez, aunque no en su mirada, colérica, intensa, segura. Y seguía dando miedo.

Por algunos amigos de mi padre tenía noticia de un individuo importante y temible que se había esfumado cuando todo apuntaba a que su carrera de éxitos parecía imparable. Se creía que, muy probablemente, lo habían asesinado.

Un anciano y demenciado exboxeador, que limpiaba el gimnasio que frecuenté años atrás, me dio la pista que me condujo hasta él.

Se había trasformado en un hastial que parecía gozar con serlo. Tan sólo con estar cerca se olía el peligro. Lo rodeaba un grupo de personas a las que se veía sumisamente pendientes de aquel gigante. De él esperaban el pan y la sal, los truenos y los rayos, y lo aceptaban como algo inevitable y acogedor.

No me atreví a acercarme, esbocé un ligero y lejano gesto de saludo, al que nadie respondió, y me fui.

Decidí inventarme lo que os narro.